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EL COLOR DE TU CORAZÓN

Había una vez un reino en el cual imperaba el rey Milo y su esposa quien estaba esperando un bebé.

El rey se encontraba muy feliz  porque estaba próximo en llegar al mundo el heredero de su trono, así que mandó llamar a todos los aldeanos para anunciar el nacimiento.

Todos los presentes aguardaban el gran suceso en los jardines del palacio hasta que finalmente sonaron las trompetas anunciando el nacimiento del nuevo príncipe.

El rey estaba feliz al descubrir que su retoño era una bola de pelos color azul ya que en su reino, todos los príncipes habían sido siempre azules por varias generaciones.

—"Ha llegado al mundo mi heredero y por nombre recibirá el mío propio: Milo"

—"¡Viva el Príncipe Milo! ¡Larga vida al rey!"

Los magos presentes como obsequio al príncipe, concentraron todos su poderes y lo vertieron sobre él.

—"Príncipe Milo dotamos tu vida de poder y capacidades que te protegerán, y ayudarán a  superar todos los contratiempos",  señalaron los magos.

—"¡Viva el Príncipe!", exclamaron todos y enseguida se marcharon satisfechos.

La vida transcurría y el príncipe aprendía rápidamente a hablar, a caminar, a comer y a correr por los jardines del palacio; en fin todas las necesidades cotidianas propias de su edad.

El rey estaba orgulloso de su hijo porque había adquirido cualidades excepcionales y su conducta era intachable; patrones indispensables para llegar a ser un gran caballero.

Poco a poco el príncipe se convirtió en un atractivo joven:
Un Príncipe Azul de verdad, que dominaba todas las artes; pero sobre todo le encantaba montar a caballo.

Cierto día el rey enfermó de gravedad así que mando llamar ante su presencia un mago quien era el médico más experimentado de la corte real.

—"Efectivamente su majestad, usted está muy grave, pero es posible detener su enfermedad. 
Sólo existe un inconveniente", manifestó el gran mago.

—"¿Qué podría ser tan complicado que mi fortuna no pueda solucionar?", indicó el rey.

—"Mmm ... No se trata de dinero sino de un acto de amor y precisamente debe ser el príncipe, su hijo quien tiene que ir al interior del bosque para encontrar una flor mágica de color morado y traerla a su presencia; pero ahí está el problema: Cuando su hijo tome  la flor en sus manos, inevitablemente el color azul del príncipe Milo cambiará al color de la flor", explicó el mago.
"Solo un miembro de su linaje puede hacerlo, ya que de suceder lo contrario, esta flor se marchitaría al contacto de otras manos".

—"¿Mi hijo de color morado? ¡No! ¡Definitivamente me rehúso! ¡Los príncipes son azules! ¡Sería una maldición para el reino! ... Prefiero morir", exclamó el rey.

El príncipe había escuchado la conversacion y sin preguntar, ni dudar un solo instante subió a su caballo y se fue a todo galope ... Debía encontrar esa flor morada ... La vida de su padre era primordial antes que conservar su color azul.

Transcurrieron varios días mientras el rey se debatía entre la vida y la muerte.

El príncipe cruzó montañas inaccesibles, luchó contra mil dragones escupe fuego, superó devastadoras tormentas y cuando estaba a punto de desfallecer, finalmente ante sus ojos descubrió la magnífica flor morada.
—"¡Por fin!", exclamó el príncipe. 

Respiró profundo y de inmediato regresó al palacio, aunque se percató de que conforme avanzaba, su color dejaba de ser azul para terminar en una tonalidad morada; pero no le importó y en su lugar se apresuraba cada vez más para llevar la flor curariva ante su padre.

Este acto heroico fue determinante para salvar la vida del rey.

Cuando el rey se recuperó, se sintió muy orgulloso de su hijo y honró su valentía ante la multitud de su reino.

—"Hijo me siento muy halagado de ser tu padre. He aprendido la lección.
El color no es indispensable para gobernar. Siempre serás un príncipe merecedor de todas las victorias y no importa de que color luzca tu apariencia porque con seguridad sé, de qué color es tu corazón, es el color del amor". Concluyó el rey dando un abrazo a su hijo, el príncipe.

—"¡Viva el Rey! ¡Larga vida al Príncipe!", gritaba la multitud presente. 

El príncipe Milo llegó a ser un rey muy sabio y justo, querido y respetado por todo el reino; demostrando así que no importa el color de tu piel para ser una gran persona. Lo único que realmente debe importar es el color de tu corazón.

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