El Rey de los Mares pose铆a a las hijas m谩s bellas de todo el reino de las sirenas. La m谩s peque帽a y graciosa iba a cumplir quince a帽os, era muy querida y disfrutaba de sus d铆as en su bello castillo de coral, pero hab铆a algo que le inquietaba ... Quer铆a salir a la superficie a conocer ese mundo de los hombres del que le hab铆an platicado sus hermanas. Esperaba con ansias sus quince a帽os porque a esa edad tendr铆a el permiso para poder ver m谩s all谩 de sus dominios.
Cuando lleg贸 el d铆a, le dieron el permiso para salir del mar advirti茅ndole que 茅se no era su mundo y que cuando lo conozca baje lo mas r谩pido que pueda a fin de evitarse problemas.
Entonces sali贸 y observaba feliz todo cuando aparec铆a ante sus ojos.
Cuando de pronto, a lo lejos vio una nave en el que celebraban el cumplea帽os del capit谩n del barco, un joven muy apuesto que encandil贸 r谩pidamente a la bella Sirenita que lo observaba escondida en una roca.
Entonces surgi贸 una tormenta y la nave se hundi贸.
La Sirenita busc贸 al joven capit谩n, lo llev贸 a la orilla y esper贸 que despierte, pero tuvo que esconderse al escuchar que se acercaban m谩s personas.
Una bella joven fue la primera que el capit谩n vio cuando despert贸. 脡l pens贸 que hab铆a sido ella quien lo hab铆a salvado del naufragio, se lo agradeci贸 y ambos se fueron juntos.
La Sirenita se qued贸 muy triste; pero con el consuelo de saber que estar铆a a salvo.
As铆 baj贸 nuevamente a las profundidades del mar con un dolor en su pecho, era alegre y triste a la vez.
Cont贸 lo que hab铆a pasado pero sent铆a algo en su interior que no la dejaba continuar con su relato y se encerr贸 en su habitaci贸n a llorar porque hab铆a encontrado y perdido a su pr铆ncipe azul en un solo d铆a.
La Sirenita entonces visit贸 a la Hechicera del Mar y le pidi贸 ayuda.
La bruja le ofreci贸 hacerla humana y transformar su cola de pez en unas piernas muy bellas, pero a cambio entregar铆a su hermosa y prodigiosa voz. Tambi茅n le advirti贸 que cada paso que dar铆a con sus nuevas piernas lo har铆a con mucho dolor, como si camira sobre miles de cuchillos.
Si ella no lograba que pr铆ncipe la ame y en cambio se casaba con otra. La Sirenita morir铆a, se convertir铆a en espuma y desaparecer铆a en el mar.
La joven sirena se arriesg贸 y acept贸 el trato y luego fue en busca de su amado.
Su cola de pez se transform贸 con mucho dolor y cuando despert贸 en la orilla, lo hizo en los brazos del joven que ella antes hab铆a salvado.
Estaba tan feliz, pero no le pudo hablar, estaba muda para siempre, sin esa voz preciosa con la que ella hab铆a arrullado el profundo sue帽o del n谩ufrago cuando lo salv贸.
Soportaba el dolor de sus piernas por la dicha de estar con 茅l; pues su pr铆ncipe la llev贸 a vivir a su Palacio ... Ella participaba de todo lo que acontec铆a all铆, acompa帽ada del pr铆ncipe que amaba en silencio. Sin embargo, su coraz贸n estaba enamorado de la joven dama que vio cuando despert贸 despu茅s del naufragio.
Aquella joven que 茅l conoci贸 se fue luego de pocos d铆as del incidente a su pa铆s; ella lo cuid贸 y por eso 茅l siempre recordaba.
Pas贸 el tiempo y esta joven dama volvi贸, fueron a recibirla ella y el pr铆ncipe y le organizaron un paseo en altamar.
El joven pr铆ncipe la pidi贸 para esposa y se casaron all铆 ... Eso dej贸 a la Sirenita sin esperanzas.
Estaba dispuesta a desaparecer, se subi贸 a la cubierta e iba a entregarse a las aguas. Pero escuch贸 la voz de sus hermanas dici茅ndole que pod铆a salvarse si le clavaba una daga m谩gica en el coraz贸n del pr铆ncipe. Ten铆a que caerle una gota de su sangre en las piernas para que volviera a ser sirena.
La Sirenita fue a la alcoba de los esposos dispuesta a hacerlo pero no fue capaz. Se despidi贸 con fugaz beso y se fue a morir al mar.
Cuando iba a lanzarse sinti贸 que una luz la llevaba hacia el cielo. Eran las Esp铆ritus del Aire que la llevaron con ellas, por el sacrificio que hizo y por sus nobles y buenas acciones en la Tierra ... As铆 tendr铆a que seguir unos 300 a帽os m谩s para que tuviese un alma inmortal.
Entonces decidi贸 ser tambi茅n un Esp铆ritu del Aire y seguir haciendo el bien. Y como una suave brisa baj贸 a la cubierta del barco, le sonri贸 a su amado y luego se fue resignada con las hijas del viento.
Versi贸n del Libro de Hans Christian Andersen
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